Cuando analizamos arquetipos de líderes, solemos hablar frecuentemente del tirano, el visionario o el novato, por nombrar algunos de ellos.
Pero hay uno de ellos mucho menos frecuente y menos explorado. Es un arquetipo fascinante y contradictorio que, de tanto en tanto, tengo el placer de encontrarme en procesos de coaching ejecutivo. No soy consciente de que tenga un nombre como tal, es por ello por lo que yo lo identifico como el gigante dormido.
Este arquetipo es peligroso porque, desde fuera, a simple vista, da la impresión de que no tiene problema alguno. Sus resultados son excelentes y tiene un equipo que lo adora. Pero algo dentro de él le impide saborear y disfrutar de su éxito; opera con un sistema operativo que está obsoleto y, sin que se dé cuenta, actúa en su contra.
Yo lo suelo identificar en base a los siguientes rasgos definitorios:
Rasgo 1: El visionario miope
Por un lado, es capaz de ver el futuro de la empresa con claridad cristalina, pero es casi ciego en lo referente a su propia grandeza. Los demás ven en él un líder de alto impacto (Top 10%) que logra resultados extraordinarios. Pero siente que: “Solo estoy sobreviviendo. Simplemente hago lo que se espera de mí. Hago lo justo para no hundirnos».
Normalmente, lo que ocurre es que tiene un «Juez Interno» tan severo que cualquier logro que no sea perfecto le parece lo normal, lo que se espera de él. En algunas ocasiones llega al extremo de “vivir con miedo a ser descubierto” como un fraude, sin saber que ya es la referencia para otros.
Rasgo 2: El ayudador solitario
Este es para mí el rasgo más confuso. Cuando observamos al líder, vemos que es cálido, cercano, mentoriza a su equipo y cuida de su gente. La impresión que causa es la del líder más cercano del mundo. Pero cuando profundizamos un poco, empezamos a ver que igual las cosas no son lo que parecen: deja que se le acerquen, pero no suele dejar entrar.
Una analogía que me viene a la mente sería la de un médico en una zona de guerra: cura a todos, pero no deja que nadie vea sus heridas. A veces lo que les ocurre a estos líderes es que usan la «ayuda» como un escudo. Mantienen una distancia emocional segura. Si siempre están ocupados cuidando del equipo, no tienen que mostrar que ellos también tienen dudas o miedos.
Rasgo 3: El Pacificador agotado (Su fuga de energía)
Este arquetipo de líder paga un impuesto invisible: el de la complacencia. Este impuesto le lleva a gastar una cantidad inmensa de energía asegurándose de caer bien, de no incomodar, preservar la armonía y evitar conflictos.
Pero la realidad es que su entorno/equipo no le está pidiendo esto. De hecho, seguro que valorarían más su franqueza que su amabilidad excesiva. Lo peor que le puede ocurrir es que, al querer tener a todos contentos, acabe diluyendo su propia voz. Su autenticidad se queda contenida por miedo a romper la armonía.
Si te identificas con este arquetipo, la solución no es trabajar más horas, ni hacer más cursos o aprender más modelos. Tu trabajo es interno:
- Acepta que tu percepción de «insuficiente» es una mentira de tu mente, no una realidad.
- La próxima vez que sientas duda, compártela con tu equipo. La vulnerabilidad no te hará débil; te hará humano y confiable.
- Deja de pagar el impuesto de la complacencia. Tu equipo necesita tu verdad, no tu amabilidad constante.
El Gigante despierta el día que decide que ya no necesita demostrar nada, y empieza simplemente a ser.
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