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Cultivando la Influencia a Través de la Generosidad

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A menudo, hablando con clientes y compañeros, me suelo encontrar con la idea de que para llegar lejos en el ámbito empresarial hay que ser implacable, acumular poder y pensar principalmente en el beneficio propio. Sin embargo, los líderes más influyentes y admirables con los que he tenido el privilegio de trabajar suelen operar bajo un principio diametralmente opuesto. El principio de que la influencia verdadera no se exige; se cultiva. Y la herramienta más poderosa para cultivarla es la ley de la reciprocidad.

La premisa es simple pero profunda: si quieres construir aliados, empieza dando.

No se trata de un mero idealismo romántico; sino que es sociología y psicología humana básica. Hace tiempo que el trabajo de Marcel Mauss demostró que el intercambio de favores y recursos es el pegamento que crea los vínculos sociales y profesionales más fuertes. Llevado a la mente moderna, el psicólogo Robert Cialdini nos explica cómo funciona esto en la práctica: cuando hacemos algo por alguien, se activa un mecanismo mental profundamente arraigado en la mayoría de nosotros que genera un sentido natural de deuda u obligación. Este mecanismo, usado de forma consciente, nos lleva al concepto de generosidad estratégica.

La generosidad estratégica no significa ser ingenuo o dejar que otros se aprovechen de nuestro tiempo. Al contrario, significa invertir proactivamente en tu ecosistema profesional.

¿Cómo se aplica esta generosidad en el día a día? Se apoya en tres pilares fundamentales:

 

  • Ser consciente de que hay favores de alto impacto para los demás y bajo coste (para ti): Muchas veces aquello que a nosotros nos cuesta tan solo cinco minutos puede ahorrarle semanas de trabajo a otra persona. Esto puede tomar la forma de: presentar a dos profesionales que se necesitan, revisar un documento importante o dar un consejo basado en tu experiencia. Son favores que pueden marcar la diferencia para muchos.
  • Compartir el crédito sistemáticamente: El ego es uno de los mayores enemigos para la construcción de alianzas. Cuando un proyecto triunfa, el líder estratégico da un paso atrás y pone los focos sobre su equipo o sus colaboradores. Atribuir el mérito a quien corresponde (o incluso dar un poco de más) no disminuye nuestra autoridad; al contrario, demuestra seguridad y fomenta el compromiso y la lealtad.
  • Proporcionar recursos sin que te lo pidan: Ya sea un presupuesto, tiempo, herramientas o acceso a información privilegiada, facilitar el camino de los demás es una de las mayores demostraciones de apoyo que podemos dar.

 

Al mismo tiempo, es crucial ser capaces de trazar una línea entre la generosidad estratégica y el autosacrificio innecesario. Para que la ley de la reciprocidad funcione a tu favor, debes tener en cuenta dos reglas:

 

  1. Da sin expectativas inmediatas, pero observa. No lleves una hoja de cálculo con lo que te deben, pero sé consciente de quién devuelve la energía con el tiempo y quién es un «agujero negro» que solo toma y nunca da.
  2. Mantén tus límites. Tu generosidad debe ser un valor añadido, no algo que comprometa tus propias responsabilidades o tu bienestar.

 

Al contrario de lo que piensan algunos, el liderazgo no es un juego de suma cero. No necesitas que otros pierdan para gana