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El liderazgo no reside en un único acto heroico

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El verdadero liderazgo no reside en un único acto heroico.

Tenemos la tendencia a celebarar gestos más “grandes y visibles”  del liderazgo: aquella gran presentación visionaria, la ultima gran adquisición o el cambio de estrategia brillante.

Es por ello que me gusta recordar el siguiente planteamiento de Aristóteles : «La excelencia no es un acto, sino un hábito». Él entendía la virtud —o en nuestro contexto empresarial, el liderazgo efectivo— como una «capacidad adquirida». No un don mágico con el que se nace; es una habilidad que se desarrolla mediante la práctica constante e intencional, hasta que se convierte en tu segunda naturaleza.

Una buena manera de verlo es pensar en un músico experto. Su ejecución impecable y fluida en el escenario es el resultado directo de miles de horas practicando escalas en privado.

Para ti, como directivo o líder, tu «instrumento» es tu comportamiento, tu mentalidad y tu inteligencia emocional. Las «escalas» que debes practicar a diario son esas pequeñas y repetidas acciones que acaban definiendo la cultura de tu equipo:

  • Escucha activa: Decidir hacer una pausa para escuchar de verdad a tu equipo, en lugar de simplemente esperar tu turno para hablar.
  • Capacidad de decisión: Entrenar el músculo de tomar decisiones difíciles con información incompleta, día tras día.
  • Empatía: Tomarte un momento para comprender la perspectiva de otra persona antes de dar un feedback crítico o constructivo.

Cuando practicas estos comportamientos de forma constante, liderar bajo presión deja de ser un esfuerzo agotador y se convierte, simplemente, en tu forma natural de actuar.